Video Message — Video Guest Book

Código QR · vídeos, fotos y mensajes · proyección · dos películas

El día de vuestra boda todo el mundo tiene algo que deciros

Un código QR en las mesas. Los invitados escanean, hablan un minuto al móvil, mandan sus fotos o escriben unas líneas. Las fotos salen en directo en la pantalla del salón, y vosotros recibís dos películas del día. El libro de firmas, pero con las voces dentro.

Crear mi libro de firmas en vídeo

49 € un solo pago · código QR al instante · vuestros invitados no instalan nada

El día de vuestra boda todo el mundo tiene algo que deciros

¿Qué es un libro de firmas en vídeo para una boda?

Un libro de firmas en vídeo para bodas sustituye el cuaderno de firmas por un código QR que los invitados escanean con su móvil antes, durante y después de la celebración. Cada uno graba hasta 3 mensajes de vídeo de un minuto, manda sus fotos, varias a la vez, o escribe unas líneas, directamente en el navegador del teléfono, sin instalar ninguna aplicación ni crear una cuenta. El producto es totalmente digital en España y en Europa: recibís el código QR y el enlace por correo y lo imprimís en el soporte que prefiráis. Durante la boda, las fotos pueden proyectarse en directo en una pantalla del salón. Los mensajes de vídeo se montan en una primera película, con música y títulos, que los novios reciben en las 24 horas siguientes al cierre de la recogida de su evento; después crean una película personalizada con las fotos y los mensajes escritos. Las películas, las fotos y los vídeos se descargan desde el área privada, con el libro de mensajes en PDF, durante 3 meses después de la primera película. El gesto es el del libro de firmas de siempre, dejar unas palabras a los novios, pero se oye la voz y se ve la cara. En Video Message cuesta 49 €, un único pago, sin límite de invitados, y los novios descargan tanto las películas como cada vídeo por separado para quedárselos.

El libro de firmas no lo rellena nadie

Haced la prueba en la próxima boda a la que vayáis. Abrid el libro de firmas hacia la una de la madrugada. Encontraréis unas treinta líneas para ciento veinte personas, y la mitad las habrán escrito los tres primos que pasan por delante de la mesa cada vez que van a la barra.

El problema no es el papel. Es la situación: escribir de pie, con la copa en una mano, con un boli que no tira, mientras alguien espera detrás. Así todo el mundo acaba en la misma frase. «Enhorabuena, chicos, sed muy felices.» No se les puede reprochar. Nadie improvisa una carta bonita entre el postre y el primer baile.

Ese cuaderno lo abriréis una vez al volver del viaje de novios. Quizá una segunda al cumplir un año. Después se va a una caja, y dentro de diez años no sabréis quién es el «Nacho» que firmó en la página cuatro.

Y lo que se echa de menos diez años después nunca es la letra de nadie. Es la voz. Cómo se ríe vuestro tío antes de acabar la frase. Los tres segundos de silencio del amigo que no contaba con emocionarse. Vuestra abuela mirando a un lado de la cámara porque no sabe dónde está el objetivo. Nada de eso cabe en una línea a bolígrafo.

Y el día de vuestra boda cada invitado lleva en el bolsillo una cámara que ya sabe usar. Era lo único que le faltaba al libro de firmas.

Cómo funciona

1

Recibís vuestro código QR

Por correo, unos segundos después del pedido, con el enlace para compartir. Lo imprimís como queráis y en tantas copias como queráis: hay un solo código y siempre lleva a vuestra boda.

2

Los invitados escanean y graban

La cámara del móvil abre la página. Sin app, sin cuenta, sin contraseña. Un minuto de mensaje, unas fotos o unas líneas, un botón para enviarlo, y el invitado vuelve al cóctel. Las fotos aparecen en la pantalla del salón.

3

Recibís vuestra primera película

Cuando se cierra la recogida de vuestro evento, empieza el montaje. En las 24 horas siguientes os llega un correo con la primera película para descargar, y cada mensaje sigue viéndose por separado desde vuestra área de cliente durante 3 meses después de esa primera película.

4

Creáis vuestra película personalizada

Una segunda película, incluida: añadís las fotos y los mensajes escritos de vuestros invitados, elegís el orden y el ambiente, y la compartís con un enlace con toda vuestra gente.

Por qué vuestros invitados lo van a hacer de verdad

Una idea para una boda solo vale lo que valga la gente que se anima. Ahí es donde se caen casi todas las soluciones de vídeo, y ahí es donde hemos pasado el tiempo.

Nada que descargar

El mensaje se graba en el navegador del móvil. Pedir una aplicación es perder de golpe a los invitados de más de cincuenta años, a los que no tienen memoria libre en el teléfono y a los que sencillamente no les apetece.

Se puede fallar

El invitado se escucha y repite tantas veces como quiera antes de enviar. Nadie graba en directo sin red, que es justo el nervio que hace desistir a los más tímidos.

Se hace en grupo

Los mejores mensajes casi nunca son de una sola persona: una mesa entera apretándose para salir en el encuadre, los cuatro de la universidad quitándose la palabra. Un móvil apoyado en una mesa atrae a gente.

Se tarda un minuto

Un minuto por invitado da para decir algo verdadero y es lo bastante corto como para que nadie abandone la pista demasiado rato. También es lo que hace que la película final se pueda ver entera. Y quien tenga más que decir puede mandar hasta 3 vídeos.

En las 24 horas siguientes al cierre, la primera película llega por correo

Lo abriréis quizá todavía cansados, con un café al lado, sin haber deshecho las maletas del todo. Y durante los minutos siguientes veréis vuestra boda por los ojos de quienes estuvieron allí. No las fotos del fotógrafo, que llegarán dentro de seis semanas. La gente.

No es una carpeta con cuarenta archivos que ordenar. Es una película: vuestros nombres al principio, los mensajes encadenados, una música que habéis elegido vosotros, una frase final que habéis escrito vosotros. Se ve de principio a fin sin tocar nada.

Es el archivo que le ponéis a vuestros padres el fin de semana siguiente. El que le mandáis con un simple enlace a la prima de Buenos Aires que no pudo venir. El que sacáis la noche de vuestro primer aniversario pensando verlo cinco minutos.

Y luego viene la segunda. Con las fotos que vuestros invitados han mandado toda la noche y los mensajes que han preferido escribir, montáis vuestra película personalizada: elegís qué entra, en qué orden y con qué ambiente. La primera película se conserva.

Y es el único documento de vuestra boda donde dentro de veinte años seguiréis oyendo la voz de gente que quizá ya no esté. Un sábado de junio no parece gran cosa. Cuenta mucho más tarde.

Vosotros decidís qué aspecto tiene

El montaje es automático, no genérico. Todo esto se ajusta desde vuestra área de cliente: para la primera película, antes de la boda o después, mientras el montaje no haya arrancado; para vuestra película personalizada, cuando queráis.

La música

Elegís la banda sonora dentro de una selección libre de derechos, del piano discreto al tema que levanta. Es lo que más diferencia a dos películas con exactamente los mismos mensajes dentro.

El color

Un tono cálido que acompaña a una luz de última hora de la tarde, o algo más limpio y nítido. El tratamiento se aplica a toda la película para que mensajes grabados en cuatro sitios distintos se parezcan entre sí.

Vuestros títulos

Un rótulo de apertura con vuestros nombres y la fecha, y una frase final que escribís vosotros. Suele ser la frase más leída de la película, y es vuestra.

El ritmo

Las transiciones entre mensajes, del fundido suave al corte seco. Una boda de treinta invitados y una de ciento cincuenta no piden el mismo tempo.

Dónde poner el código QR el día de la boda

Es la única duda logística real, y la respuesta cabe en una frase: en todos los sitios donde vuestros invitados se paran. Un código en un solo punto recoge tres veces menos mensajes que el mismo código repartido en cinco.

El cóctel es el mejor momento del día para esto. La gente está de pie, con una copa en la mano, todavía no se ha sentado y busca qué hacer entre conversación y conversación. Un caballete junto a la barra, un cartelito en la mesa del aperitivo, y el código en el seating plan que ya están mirando para saber dónde les toca.

Durante el banquete, el código impreso en las minutas funciona muy bien: cada uno lo tiene delante, y siempre hay ese hueco entre el plato y el postre en el que una mesa entera decide ir junta. Poned también un cartel pequeño cerca de los aseos o del guardarropa. No queda elegante decirlo, pero es un sitio por el que todo el mundo pasa solo, y ahí salen los mensajes más sinceros.

El mejor recordatorio sigue siendo humano. Avisad a los testigos y a los padrinos la víspera con una instrucción sencilla: pasar de mesa en mesa después del segundo plato enseñando su propio mensaje. Un invitado que ve a alguien hacerlo entiende en dos segundos qué se espera de él. Un cartel hay que leerlo.

Y acordaos de los que no están. El mismo código puede irse por WhatsApp a quien no ha podido venir: una abuela ingresada, un amigo que vive fuera. Su mensaje aparece en la película entre los demás, y suele ser el que hace llorar a todo el mundo.

Si el salón tiene una pantalla, una tele o un proyector con navegador y conexión a Internet, abrid ahí el enlace de la proyección. Las fotos de vuestros invitados van apareciendo a medida que llegan, al momento o después de que las aprobéis, y no hay mejor recordatorio del código que ver la foto de la mesa de al lado en grande. La proyección muestra fotos, no vídeos.

Hacedles una pregunta

Un cartel que dice «déjanos un mensaje» consigue mensajes que dicen «enhorabuena, chicos». Es volver al libro de firmas de papel, pero en vídeo. Basta una frase para cambiarlo: escribid en el cartel la pregunta que queréis que os contesten.

«Contadnos cómo nos conocisteis.» «Un recuerdo nuestro que se nos haya olvidado.» «Un consejo que os habría gustado recibir el día de vuestra boda.» «¿Dónde nos veis dentro de diez años?» Cada una de estas preguntas da una película completamente distinta, y ninguna deja a un invitado plantado delante de la pantalla buscando qué decir.

La nuestra preferida sigue siendo la más simple: «Decidnos algo que nunca nos hayáis dicho.» Funciona porque da permiso. Una boda es uno de los pocos momentos en los que la gente acepta ser sincera en voz alta, y muchas veces está esperando que se lo pidan.

Dos detalles de ejecución, ya que estamos. Pedidles que empiecen diciendo su nombre: dentro de quince años no vais a reconocer todas las caras, sobre todo las de la familia política. Y avisadles de que tienen un minuto, no treinta segundos. La gente se corta mucho antes de lo que podría porque cree que está molestando.

También podéis cambiar la consigna a lo largo de la noche. Una pregunta en el cartel del cóctel y otra en las minutas del banquete. Los mismos invitados repiten sin problema cuando se les pregunta otra cosa, y así una película de cuarenta mensajes se convierte en una de sesenta.

A qué sustituye

Seguramente ya habéis mirado las otras opciones. Esto es honestamente lo que dan de sí.

El libro de firmas de papel

Unas treinta líneas parecidas entre sí, de las que dentro de cinco años no sabréis atribuir la mitad. Cuesta menos, es verdad. También es el primer objeto de la boda que se deja de mirar.

El teléfono antiguo de mensajes

Queda bonito en las fotos y el sonido tiene su encanto. Pero solo hay voz: ni la cara de vuestro padre, ni el gesto del testigo, ni las seis amigas apretadas en el encuadre. Y hay que alquilarlo, montarlo y devolverlo.

El videomatón de alquiler

Varios cientos de euros, una máquina que hay que atender, una mesa dedicada y una cola en un único punto del salón. El móvil de cada invitado hace el mismo trabajo en cien sitios a la vez.

El grupo de WhatsApp

No cuesta nada, y esa es su única ventaja. Acabáis con decenas de archivos comprimidos y desordenados, sin montar, en una conversación que alguien terminará abandonando. La criba la haréis vosotros. O no la hará nadie.

49 €, una vez

Sin suscripción, sin precio por invitado, sin recargo por el montaje. Pagáis una vez, para vuestra boda, y la película es vuestra.

A estas alturas de los preparativos ya habéis firmado presupuestos de cuatro cifras. El catering, la finca, el fotógrafo, las flores que estarán mustias el domingo por la noche. 49 € es más o menos lo que cuestan dos cubiertos más en el banquete, y es la única línea del presupuesto que produce algo que seguiréis viendo dentro de veinte años.

No hay límite de invitados que participen: cada uno puede dejar hasta 3 mensajes de vídeo de un minuto, todas las fotos que quiera y unas líneas por escrito. Seáis cuarenta o doscientos, el precio no se mueve. La proyección de fotos en directo, las dos películas, las fotos y los vídeos en ZIP y el libro de mensajes en PDF están incluidos. Y si tenéis más de una celebración, preboda o despedidas, hay 3 códigos por 99 €.

El código QR llega inmediatamente después del pago. Pedirlo con tres meses de antelación o la antevíspera no cambia nada en la entrega, solo el tiempo que os queda para imprimir con calma.

Lo que nos preguntan

¿Mis invitados tienen que instalarse una aplicación?

No. El código QR abre una página en el navegador del móvil y la grabación se hace ahí mismo. Ninguna app, ninguna cuenta, ninguna contraseña, tanto en iPhone como en Android. Es la razón principal por la que los invitados llegan hasta el final del mensaje.

En la finca hay mala cobertura. ¿Va a funcionar?

Vuestros invitados necesitan conexión para abrir la página y enviar el vídeo. Con 4G va de sobra. Si la finca está aislada, pedid al responsable el nombre de la red wifi y la contraseña y ponedlos al lado del código: es una línea más en el cartel y resuelve el problema para toda la noche.

¿Mis abuelos van a saber hacerlo?

Escanear el código se hace con la cámara, un gesto que casi todo el mundo aprendió con las cartas de los restaurantes. Después solo hay un botón rojo grande y una cuenta atrás. La ayuda de verdad es humana: pedid a un testigo o a un sobrino que se siente dos minutos con ellos. Suelen ser los mensajes que más veréis.

¿Cuántos mensajes puedo recibir y cuánto duran?

Sin límite de invitados. Cada invitado puede grabar hasta 3 mensajes de vídeo de un minuto cada uno, mandar todas las fotos que quiera y escribir unas líneas. Los mensajes de vídeo entran en la primera película, sin cortes ni selección por nuestra parte; las fotos y los mensajes escritos van en vuestra película personalizada, a vuestro gusto.

¿Cuándo recibo la película?

Vuestros invitados participan antes, durante y después de la boda, con el código o con el enlace. Vosotros elegís la fecha de cierre de la recogida, unos días después si queréis, y la podéis cambiar desde vuestra área. La primera película, con los mensajes de vídeo, os llega en las 24 horas siguientes al cierre de la recogida de vuestro evento, y os avisamos por correo. Después creáis vuestra película personalizada cuando queráis.

¿Está en español?

Sí. La página que abren vuestros invitados al escanear el código está en español, y vosotros elegís el idioma del evento al configurarlo. El rótulo de apertura y la frase final de la película son los textos que escribís vosotros, así que van con vuestras palabras. Vuestros invitados pueden hablar en el idioma que quieran: nada se transcribe ni se traduce, el mensaje aparece exactamente como se grabó. Si parte de la familia habla otro idioma, el evento puede configurarse en seis: español, inglés, francés, italiano, alemán o portugués.

¿Quién puede ver los vídeos?

Solo vosotros. Los mensajes llegan a un espacio privado al que se entra con vuestro correo, sin enlace público ni galería abierta. Después decidís qué compartís y con quién: las películas se comparten con un simple enlace, y la proyección solo muestra las fotos que vosotros dejáis pasar. Por la seguridad de vuestros invitados, guardamos vuestros archivos 3 meses desde la entrega de la primera película y luego los borramos de nuestros servidores: la fecha límite aparece en vuestra área y os la recordamos por correo, para que os dé tiempo a descargarlo todo.

¿Puedo ver y descargar los mensajes uno a uno?

Sí, y muchos novios lo hacen incluso antes de ver la película. Cada mensaje se puede ver y descargar por separado desde vuestra área de cliente, además de la película montada, y todas las fotos y los vídeos se descargan en ZIP, con el libro de mensajes en PDF. Guardadlo todo en vuestro propio ordenador nada más recibirlo.

¿Y si un invitado se equivoca al grabar?

Puede repetirlo tantas veces como quiera antes de enviarlo. Y mientras la recogida siga abierta, puede volver a escanear el código y dejar otro mensaje, hasta 3, fotos o unas líneas, algo que pasa más de lo que parece a última hora de la noche.

¿Hay que pedirlo con mucha antelación?

No. El código QR llega por correo inmediatamente después del pago, no hay nada que enviar por mensajería. Pedirlo dos o tres semanas antes solo os da tiempo a imprimir los carteles y colocar el código en las minutas sin prisas.

¿Qué hace falta para proyectar las fotos en el salón?

Una pantalla, una tele o un proyector con navegador y conexión a Internet. Abrís ahí el enlace de la proyección y las fotos aparecen a medida que llegan, con el estilo que hayáis elegido. Decidís antes de la boda si salen solas o si aprobáis cada una. La proyección muestra fotos, no vídeos.

¿Salen todas las fotos en la película?

La primera película reúne los mensajes de vídeo. Las fotos y los mensajes escritos van en vuestra película personalizada: elegís cuáles y en qué orden, con vuestra música, los colores de la película, el ambiente de las transiciones y vuestros textos de apertura y de cierre. Además, todas las fotos se quedan en vuestro álbum, listas para descargar.

Ese sábado no se repite

Toda esa gente no volverá a estar reunida en el mismo sitio. Es vuestra única ocasión de pedirles que os digan algo delante de una cámara.

Crear mi libro de firmas en vídeo

49 € un solo pago · código QR al instante · primera película en 24 h tras el cierre